El calendario marca una fecha especial en Valle Viejo: el Club Atlético San Martín de El Bañado cumple 84 años y lo hace con el orgullo intacto de ser una de las instituciones más representativas de la región. Fundado el 3 de abril de 1942 por un grupo de vecinos con sueños compartidos, el club se convirtió con el paso del tiempo en mucho más que un espacio deportivo: es un símbolo de pertenencia y comunidad.
Desde sus inicios, el “Santo Chacarero” dejó en claro su ambición. Su rápida afiliación a la Liga Chacarera de Fútbol fue apenas el primer paso de un camino cargado de éxitos. Con los años, no solo se consolidó como protagonista, sino que alcanzó un lugar privilegiado como el club más ganador del certamen, sosteniendo además un logro que habla de su regularidad: jamás perdió la categoría.
Su crecimiento no se limitó al ámbito local. En el plano nacional, San Martín escribió capítulos memorables. Uno de los más recordados fue en la temporada 1984/85, cuando quedó a las puertas de la máxima categoría del fútbol argentino tras disputar la final del Torneo Regional. También dejó su huella en el Torneo del Interior 1992/93, donde alcanzó las semifinales y se midió ante equipos de gran trayectoria, demostrando su nivel competitivo.
Sin embargo, la esencia del club trasciende lo futbolístico. A lo largo de su historia, San Martín supo expandirse como institución social y deportiva, incorporando disciplinas como hockey, vóley, atletismo, taekwondo y patín, entre otras. Este crecimiento fue acompañado por un fuerte compromiso con la comunidad, reflejado en iniciativas inclusivas como la escuela “Primeros Pasos”, dedicada a personas con discapacidad.
Hoy, con instalaciones en constante desarrollo y una vida social activa, el club continúa siendo un punto de encuentro clave para generaciones de vecinos. Su presente se sostiene en una rica historia, pero también en una mirada hacia el futuro que busca seguir ampliando oportunidades.
A 84 años de su nacimiento, San Martín no es solo un club: es una construcción colectiva, un legado que se transmite de generación en generación. En cada rincón de El Bañado, sus colores verde y blanco siguen latiendo con fuerza, recordando que hay pasiones que no se explican… simplemente se viven.


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