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Pedro Arias, el hombre que convirtió una carrera en leyenda

Cada año, en la localidad de El Portezuelo, corredores de distintos puntos de la provincia y del país se reúnen para participar de una prueba atlética que ya forma parte de la identidad deportiva del lugar. En 2026 se disputará la 44ª edición de la carrera homenaje a Pedro Roberto Arias, una competencia que nació del amor por el deporte y que con el tiempo se transformó en un símbolo del atletismo catamarqueño.

Más que una carrera, el evento es una forma de mantener viva la memoria de un deportista que dejó una huella profunda en el deporte provincial. Para muchos, Arias fue simplemente “el señor del atletismo”, un corredor que supo representar a Catamarca con esfuerzo, humildad y una enorme pasión por competir.

Una infancia marcada por el trabajo

Pedro Roberto Arias nació el 14 de noviembre de 1933 en el paraje La Bajada, dentro de una familia trabajadora. Hijo de José Daniel Arias y Faustina Ortega, creció junto a diez hermanos en un contexto donde el trabajo rural formaba parte de la vida cotidiana.

Como ocurría en muchas familias de la época, debió abandonar la escuela en su niñez para colaborar con las tareas del campo y el cuidado de animales. Aquella experiencia temprana moldeó su carácter: disciplina, sacrificio y una fuerte cultura del esfuerzo.

En 1953 formó su familia al casarse con Miguelina González, oriunda de El Portezuelo, con quien tuvo nueve hijos y construyó una vida profundamente ligada a esa comunidad chacarera.

Del fútbol al descubrimiento del atletismo

Antes de convertirse en maratonista, Arias tuvo una etapa vinculada a otros deportes. Fue arquero de fútbol en el recordado equipo Antonio Tayre de El Portezuelo y también practicó ciclismo.

Sin embargo, el destino deportivo que lo marcaría apareció casi por casualidad. En 1956 participó en una maratón disputada en Los Altos. El premio fue sencillo —apenas cinco pesos y una lata de duraznos— pero aquella experiencia despertó en él una pasión que lo acompañaría durante toda su vida.

A partir de entonces comenzó a competir con frecuencia en carreras provinciales y regionales, destacándose en pruebas de fondo y ganándose el reconocimiento dentro del ambiente atlético.

Un representante de Catamarca

Con el paso de los años, Arias llevó su talento a distintos escenarios del país. Compitió en provincias como Córdoba, La Rioja, Salta y Tucumán, siempre defendiendo los colores de Catamarca.

Uno de los momentos más recordados de su trayectoria ocurrió en 1974, cuando fue invitado a participar en la tradicional Gran Maratón organizada por la revista El Gráfico en Buenos Aires. En aquella competencia multitudinaria fue el único representante catamarqueño.

Años más tarde, en 1979, vivió otra experiencia inolvidable al integrar la delegación que participó en la histórica Corrida Internacional de San Silvestre, en São Paulo, considerada una de las carreras más prestigiosas del mundo.

Un atleta que nunca dejó de trabajar

La vida de Arias no estuvo dedicada exclusivamente al deporte. Como jefe de familia debió combinar su pasión por correr con el trabajo. En 1967 ingresó al servicio penitenciario como guardiacárcel, función que desempeñó durante más de veinte años.

A pesar de las responsabilidades laborales y de algunos problemas de salud y accidentes de trabajo que atravesó con el tiempo, jamás abandonó el atletismo. Por el contrario, siguió entrenando y participando en competencias, convirtiéndose además en un motivador para otros corredores.

Quienes lo conocieron destacan su sencillez, su espíritu solidario y su permanente disposición para impulsar a otros a practicar deporte.

El nacimiento de una carrera tradicional

En 1981, impulsado por su entusiasmo por el atletismo, decidió organizar en El Portezuelo una competencia que reuniera a corredores de la región. Así nació la carrera que hoy lleva su nombre.

La prueba comenzó como un encuentro sencillo entre atletas, con un fuerte espíritu comunitario. En muchas ocasiones el propio Arias colaboraba con los premios o con la organización para garantizar que todos pudieran participar.

Con el tiempo, aquella iniciativa se convirtió en una de las competencias más tradicionales del calendario atlético de Catamarca.

Un legado que sigue vivo

Tras su fallecimiento, el 23 de noviembre de 1997, familiares, amigos y atletas decidieron mantener viva la carrera anual en su homenaje. Desde entonces, cada edición se transforma en un recordatorio del camino que él abrió dentro del atletismo provincial.

Su trayectoria también recibió reconocimiento institucional cuando la Cámara de Diputados de la Nación Argentina distinguió su aporte al deporte y su rol como representante del atletismo catamarqueño.

Hoy, más de cuatro décadas después de aquella primera carrera organizada por él mismo, el nombre de Pedro Arias sigue convocando a corredores y aficionados. En cada edición de la prueba que lo recuerda, su historia vuelve a ponerse en movimiento.

Porque para Catamarca, Don Pedro Arias no fue solamente un atleta. Fue un trabajador incansable, un padre de familia y un hombre que convirtió la pasión por correr en un legado que aún continúa en cada zancada.

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